Jackson Cionek
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El cuerpo llega antes que la decisión - el dolor menstrual como modulador oculto de la conectividad cerebral

El cuerpo llega antes que la decisión - el dolor menstrual como modulador oculto de la conectividad cerebral

Cuando pensamos en rendimiento, atención o toma de decisiones, es común imaginar que el cerebro comienza cada tarea desde un punto relativamente neutro y que las diferencias aparecen solamente después de que llega un estímulo.

Pero antes del movimiento, antes de la competencia y antes de cualquier respuesta que podamos narrar conscientemente, existe un cuerpo en un determinado estado fisiológico.

Y ese estado puede participar de la forma en que las redes cerebrales ya están organizadas.

Referencia principal

El punto de partida de esta reflexión es la publicación de Carina Pohle, Daniel Büchel, Silvana Bucher Sandbakk, Øyvind Sandbakk, Belinda Pletzer y Jochen Baumeister (2026), “Uncovering a hidden modulator for women in sports: An exploratory study of menstrual pain and brain connectivity”, publicada en la revista Women’s Health.

Es una iniciativa científica que merece ser especialmente destacada.

En lugar de reducir la discusión a la pregunta recurrente sobre si una determinada fase del ciclo menstrual mejora o perjudica el rendimiento, Pohle y sus colaboradores introducen una variable que puede permanecer oculta cuando observamos solamente las hormonas o el calendario: la experiencia del dolor menstrual.

Los propios autores señalan que la salud menstrual, el uso de anticonceptivos y el dolor han recibido históricamente una atención insuficiente en las investigaciones con mujeres atletas. El estudio busca precisamente investigar si la conectividad funcional cerebral en reposo varía entre las fases del ciclo menstrual y entre usuarias de anticonceptivos orales combinados y, además, qué ocurre cuando la intensidad del dolor se incorpora al análisis.

El valor de esta iniciativa también reside en evitar una interpretación determinista de la fisiología femenina. Los resultados son mucho más interesantes que una conclusión simple del tipo “la fase A es diferente de la fase B”.

La pregunta pasa a ser otra:

¿Y si una variable corporal que no estamos observando suficientemente estuviera modificando aquello que medimos en el cerebro?

¿Qué reveló el EEG?

El estudio siguió un diseño observacional y longitudinal. Mujeres con ciclos menstruales naturales y usuarias de anticonceptivos orales combinados fueron evaluadas en diferentes momentos. Los análisis finales de conectividad funcional incluyeron 37 participantes: 21 mujeres con ciclo natural y 16 usuarias de anticonceptivos combinados.

Durante cinco minutos de reposo con los ojos abiertos, la actividad eléctrica cerebral fue registrada utilizando un LiveAmp 64, con electrodos activos actiCap y localización de electrodos apoyada por BrainVision CapTrack, tecnologías desarrolladas por Brain Products. El estudio utilizó 64 electrodos activos Ag/AgCl y posteriormente analizó la conectividad funcional en las bandas de frecuencia theta y alfa.

Es especialmente relevante observar tecnologías móviles de EEG de Brain Products aplicadas a una pregunta científica situada en la intersección entre neurociencia, fisiología y deporte.

Los investigadores analizaron diferentes propiedades de las redes cerebrales, entre ellas la integración global, la segregación local y la sincronización de fase.

Y el primer resultado merece atención:

cuando se compararon solamente las fases del ciclo menstrual y los grupos, no se encontraron diferencias globales significativas en la conectividad funcional.

Esto es importante porque evita una interpretación biológica demasiado simplista según la cual diferentes fases del ciclo menstrual producirían necesariamente configuraciones cerebrales claramente distintas.

Sin embargo, el panorama cambió cuando una nueva variable fue incorporada al análisis:

la intensidad del dolor menstrual.

Cuando el dolor fue incluido como covariable, surgieron interacciones significativas relacionadas con medidas de integración y segregación de las redes, particularmente en la frecuencia theta, además de interacciones entre grupo y dolor en las medidas de sincronización de fase.

Es precisamente aquí donde el trabajo de Pohle y sus colaboradores adquiere una fuerza especial.

Tal vez estábamos observando la variable equivocada

Entre las participantes con ciclos menstruales naturales, aproximadamente el 90% informó dolor menstrual, mientras que el 43% de las usuarias de anticonceptivos orales combinados reportó dolor durante el sangrado por deprivación. La intensidad del dolor también variaba de forma importante entre las participantes.

Por lo tanto, clasificar a una persona únicamente según una “fase menstrual” puede ocultar experiencias corporales muy diferentes.

Dos participantes pueden encontrarse en la misma fase y, aun así, uno de esos cuerpos puede estar enfrentando un dolor significativo mientras el otro no.

Desde el punto de vista experimental, esto importa.

El dolor deja de ser solamente un relato subjetivo ubicado en los márgenes del análisis y pasa a ser considerado como una posible parte de la condición neurofisiológica que está siendo investigada.

Sin embargo, es fundamental mantener la cautela de los propios autores: el estudio no demostró que estas diferencias en conectividad produzcan un peor rendimiento deportivo, decisiones diferentes o un mayor riesgo de lesiones. Ninguno de estos resultados fue evaluado directamente. Los hallazgos son exploratorios y los investigadores señalan explícitamente la necesidad de nuevos estudios.

Aun así, se abre una posibilidad importante:

la condición inicial del cerebro puede ser diferente antes incluso de que comience una tarea.

América Latina también necesita hacerse esta pregunta

Esta discusión encuentra aproximaciones importantes en investigaciones latinoamericanas recientes.

En Brasil, Raul C. R. Prado y Monica Y. Takito, de la Universidad de São Paulo, junto con Hannah Willett y Anthony Hackney, investigaron a 234 mujeres practicantes no élite de deportes olímpicos de verano. Los síntomas premenstruales más intensos estuvieron asociados con modificaciones en las rutinas de entrenamiento y con una mayor percepción de impacto sobre el rendimiento antes y durante la menstruación.

No se trató de un estudio con EEG. Sin embargo, refuerza una cuestión importante planteada por Pohle y sus colaboradores: los síntomas realmente experimentados por la atleta deben formar parte de la investigación científica, en lugar de depender exclusivamente de la posición que ocupa dentro de un calendario menstrual.

En Perú, Ivanna Querevalú-Pancorbo, Luis Rojas-Cama, Fernando Soncco-Llulluy, Jair Li y Jaime Rosales-Rimache investigaron a 101 atletas peruanas de alto rendimiento. Su estudio, publicado en 2024, informó una elevada frecuencia de sangrado uterino anormal y destacó explícitamente la escasez de este tipo de información en poblaciones deportivas latinoamericanas.

Esta mirada regional resulta especialmente importante.

Los cuerpos no existen fuera del territorio, del acceso a la salud, de la alimentación, de las condiciones de entrenamiento, de las circunstancias socioeconómicas y de la cultura.

Del cerebro aislado al Cuerpo-Territorio

La neurociencia latinoamericana también ha producido aproximaciones conceptuales que ayudan a ampliar esta discusión.

En 2022, el neurocientífico latinoamericano Agustín Ibáñez, vinculado al Latin American Brain Health Institute, publicó una importante reflexión en Trends in Cognitive Sciences: The mind’s golden cage and cognition in the wild.

Ibáñez sostiene que comprender la cognición en la vida cotidiana exige avanzar más allá de una visión excesivamente compartimentalizada de la mente. En condiciones reales, los procesos corporales, emocionales, cognitivos y ambientales ocurren de manera dinámica y entrelazada.

En una dirección complementaria, el investigador colombiano Hernando Santamaría-García, junto con Agustín Ibáñez y otros colaboradores, ha discutido recientemente la interocepción alostática: la manera en que el cerebro y el organismo integran, anticipan y regulan los estados internos frente a las demandas corporales y ambientales. Este enfoque incluye interacciones cerebro-cuerpo que involucran sistemas cardíacos, respiratorios, inmunológicos y metabólicos.

Estos trabajos no investigan específicamente el dolor menstrual en atletas.

Pero ayudan a cuestionar la imagen de un cerebro que primero recibe información y solamente después comienza a producir comportamiento.

El organismo ya está ocurriendo.

En BrainLatam utilizamos la expresión Cuerpo-Territorio precisamente para pensar esta unidad.

Un EEG no registra un “cerebro abstracto”.

Registra la actividad cerebral de un Cuerpo-Territorio específico, en un momento específico, atravesado por su fisiología, sus experiencias y sus condiciones.

Pohle et al. no utilizan este concepto y no debemos atribuírselo. Sin embargo, su estudio ofrece un ejemplo especialmente interesante para nuestra reflexión: cuando una condición corporal fue incorporada al análisis, también cambió la interpretación sobre la organización de las redes cerebrales.

El cuerpo llega antes que la decisión

Tal vez este sea uno de los principales méritos de la iniciativa de Carina Pohle y sus colaboradores.

La publicación no pretende transformar el ciclo menstrual en una explicación universal sobre las mujeres, el cerebro o el rendimiento deportivo.

Hace algo científicamente más productivo:

identifica una variable que podría haber permanecido oculta dentro de una clasificación aparentemente suficiente.

En lugar de preguntar únicamente:

“¿En qué fase del ciclo menstrual se encuentra esta persona?”

tal vez también deberíamos preguntar:

“¿Cuál es la condición de este cuerpo en este momento?”

El cambio puede parecer pequeño, pero puede tener profundas implicaciones para el diseño de futuras investigaciones.

Antes de estudiar movimiento, atención, planificación, toma de decisiones o rendimiento, ya existe una actividad cerebral basal ocurriendo dentro de un organismo que posee un estado fisiológico, una historia y un territorio.

El cuerpo llega antes que la decisión.

Esto no significa que el cuerpo determine la decisión.

Significa algo más interesante:

el cuerpo participa de las condiciones a partir de las cuales una decisión podrá surgir.

Reconocer esas condiciones puede, por lo tanto, ser uno de los pasos necesarios para comprender no solamente el cerebro de la atleta, sino el Cuerpo-Territorio que entra al campo.

Referencia principal

Pohle, C., Büchel, D., Sandbakk, S. B., Sandbakk, Ø., Pletzer, B., & Baumeister, J. (2026). Uncovering a hidden modulator for women in sports: An exploratory study of menstrual pain and brain connectivity. Women’s Health, 22. DOI: 10.1177/17455057261456871.

Referencias complementarias

Ibáñez, A. (2022). The mind’s golden cage and cognition in the wild. Trends in Cognitive Sciences, 26(12), 1031–1034. DOI: 10.1016/j.tics.2022.07.008.

Prado, R. C. R., Willett, H. N., Takito, M. Y., & Hackney, A. C. (2022). Impact of Premenstrual Syndrome Symptoms on Sport Routines in Nonelite Athlete Participants of Summer Olympic Sports. International Journal of Sports Physiology and Performance, 18(2), 142–147. DOI: 10.1123/ijspp.2022-0218.

Querevalú-Pancorbo, I., Rojas-Cama, L. F., Soncco-Llulluy, F., Li, J., & Rosales-Rimache, J. (2024). Abnormal uterine bleeding and associated factors: a cross-sectional study in high-performance Peruvian athletes. BMJ Open Sport & Exercise Medicine, 10(2), e001820. DOI: 10.1136/bmjsem-2023-001820.

Santamaría-García, H., Migeot, J., Medel, V., Hazelton, J. L., et al. (2025). Allostatic Interoceptive Overload Across Psychiatric and Neurological Conditions. Biological Psychiatry, 97(1), 28–40. DOI: 10.1016/j.biopsych.2024.06.024.







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Jackson Cionek

New perspectives in translational control: from neurodegenerative diseases to glioblastoma | Brain States