Jackson Cionek
16 Views

Cuando el sentir recibe un nombre

Cuando el sentir recibe un nombre

Cuando las palabras empiezan a atrapar

En el texto anterior permanecimos durante un tiempo antes de la palabra. Observamos un cuerpo que aprende, imita, diferencia, se acerca, se aleja y participa antes de poder explicar exactamente lo que está sucediendo.

Ahora podemos avanzar un poco más.

Algo ocurrió.

Nuestro corazón se aceleró. Nuestro cuerpo se volvió más ligero o más pesado. Sentimos ganas de acercarnos, escapar, permanecer, abrazar, discutir o simplemente guardar silencio.

Entonces alguien pregunta:

"¿Qué estás sintiendo?"

Quizá dudemos durante algunos segundos.

"Miedo."

"Ansiedad."

"Amor."

"Rabia."

"Vergüenza."

Encontramos una palabra.

Y algo cambia.

La palabra no entró en un espacio vacío. Encontró una experiencia que ya estaba ocurriendo. Pero, al encontrarla, también comenzó a organizarla.

Aquí surge la pregunta central de este texto:

¿Qué ocurre con una experiencia cuando necesitamos hacerla caber dentro de una palabra?

Tal vez nombrar sea una forma de recortar

Podemos explorar esto con algo más sencillo.

Imaginemos una franja de color que pasa lentamente del azul al violeta. En determinado momento, alguien pregunta:

"¿Esto sigue siendo azul o ya es violeta?"

En los extremos, la respuesta puede parecer fácil. En el medio, quizá no tanto.

Danilo Silva Guimarães recurre a una experiencia semejante al reflexionar sobre percepción, ambigüedad y vida social. Recuerda una tarea con gradientes de colores en la que, en ciertos puntos, ya no resultaba evidente dónde terminaba un color y comenzaba otro. Después amplía la cuestión: la convivencia, las prácticas sociales y las condiciones ambientales pueden entrenar diferentes maneras de percibir, distinguir y nombrar aquello que encontramos.

El color no necesitó cambiar de forma abrupta para que el lenguaje exigiera una frontera.

Tal vez algo parecido ocurra cuando decimos:

"miedo".

¿Dónde termina exactamente el miedo y comienza la ansiedad?

¿Cuándo la admiración se convierte en amor?

¿Dónde se diferencia la indignación de la rabia?

¿Cuándo la tranquilidad pasa a ser aquello que llamamos paz?

No necesitamos concluir que todas las palabras son arbitrarias o que no existen diferencias reales. Solo necesitamos percibir que una palabra crea una frontera suficientemente útil para que podamos relacionarnos con una experiencia que quizá sea más continua, mezclada y ambivalente de lo que el nombre sugiere.

Nombrar puede ser necesario.

Pero nombrar no es fotografiar.

Es hacer un recorte.

La palabra que encontramos ya tiene una historia

Cuando decimos "miedo", no inventamos esa palabra en ese momento.

Ya estaba aquí.

Fue utilizada por nuestros padres, profesores, amigos, libros, canciones, religiones, profesionales de la salud y por las personas con quienes crecimos.

Con ella llegaron ejemplos de cuándo deberíamos sentir miedo, quién podía demostrarlo, cuándo sentirlo podía ser considerado vergonzoso y qué deberíamos hacer después.

En 2022, Marta Rizo García, investigadora de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, propuso que comunicación, cuerpo y emociones necesitan ser pensados conjuntamente. Su trabajo sobre el giro afectivo cuestiona la idea de las emociones como acontecimientos puramente internos, separados de las relaciones sociales a través de las cuales adquieren expresión y significado.

Investigadoras brasileñas que estudiaron las emociones en la educación infantil llegaron a una cuestión semejante desde otro camino. Jéssica Bispo Batista, Juliana Campregher Pasqualini y Giselle Modé Magalhães discuten cómo el desarrollo afectivo de los niños ocurre dentro de relaciones sociales concretas y cómo los significados culturales comienzan progresivamente a mediar su relación con el mundo.

Tal vez, entonces, el movimiento no sea simplemente:

el cuerpo siente -> la mente descubre la palabra correcta.

Puede ser algo más circular:

el cuerpo siente -> encontramos una palabra disponible en nuestra cultura -> la palabra organiza la experiencia -> también aprendemos a sentir e interpretar a través de esa organización.

La palabra no solamente surge del sentir.

Una vez aprendida, puede regresar a él.

¿Y si hubiera llegado primero otra lengua?

Esta pregunta puede acompañarnos sin necesidad de caer en un determinismo lingüístico.

No estamos afirmando que hablar otra lengua produzca automáticamente otro cerebro o vuelva imposible comprender lo que sienten personas de otras culturas.

Estamos preguntando algo más modesto:

Si desde la primera infancia hubiéramos aprendido otras palabras, otras distinciones y otras metáforas, ¿organizaríamos todas nuestras experiencias exactamente de la misma manera?

Probablemente no.

Un estudio publicado en 2023 comparó a 960 participantes brasileños y británicos y encontró diferencias entre ambos grupos en sus creencias sobre la experiencia y la expresión emocional. Los autores son cuidadosos y no sugieren que exista una única "emoción brasileña" homogénea. Sus resultados indican, más bien, que el contexto cultural participa en las creencias que desarrollamos sobre cómo deben experimentarse, controlarse o expresarse las emociones.

Aquí empezamos a comprender por qué las palabras son herramientas tan poderosas para relacionarnos.

No solamente nos proporcionan nombres.

Nos ofrecen formas compartidas de organizar aquello que nos sucede.

Comprender sin traducir inmediatamente

Hay un pasaje en el catálogo Mundos Indígenas que quizá pueda ayudarnos a permanecer un poco más en esta cuestión.

Al presentar los mundos Yanomami, Ye'kwana, Xakriabá, Tikmu'un y Pataxoop, la exposición invita al visitante a experimentar conceptos indígenas sin traducirlos inmediatamente ni compararlos con su propia realidad conocida.

La propuesta no consiste en abandonar la traducción para siempre.

Consiste en evitar que nuestras categorías anteriores ocupen todo el espacio antes de que algo diferente tenga la oportunidad de ser percibido.

Esto nos ofrece un ejercicio sencillo para nuestra propia vida.

Cuando algo surge dentro de nosotros, quizá podamos preguntarnos:

¿Necesito nombrarlo inmediatamente?

¿O puedo permanecer algunos instantes con eso antes de decidir si se trata de miedo, rabia, ansiedad, amor, espiritualidad, fracaso o cualquier otra cosa?

No porque el nombre sea malo.

Sino porque tal vez la experiencia todavía se esté formando.

El cerebro también cambia cuando las palabras entran en escena

La neurociencia puede aproximarse a una parte de esta cuestión, siempre que no le pidamos resolver por nosotros el problema filosófico.

En 2022, investigadoras brasileñas de la UFRJ y la UFF realizaron un experimento con EEG en el que los participantes observaban imágenes de alimentos ultraprocesados. Antes de algunas imágenes aparecía una frase que advertía sobre consecuencias negativas asociadas a esos alimentos. Antes de otras, aparecía una frase de control.

La imagen del alimento seguía siendo la misma.

Pero el contexto verbal había cambiado.

Las advertencias textuales se asociaron con cambios en el potencial positivo tardío, un componente del EEG relacionado con la relevancia motivacional de los estímulos, además de evaluaciones menores de agradabilidad.

Esto no nos permite decir que "la palabra creó la emoción".

Pero sí nos permite afirmar algo suficiente para nuestra reflexión:

una secuencia de palabras presentada antes de una experiencia visual puede participar en la manera en que esa experiencia será posteriormente procesada y evaluada.

En 2024, otro estudio utilizó fNIRS mientras los participantes enfrentaban situaciones emocionalmente negativas. En algunas condiciones, primero debían elegir palabras para nombrar su propio estado emocional y después intentaban reinterpretar la situación.

El etiquetado afectivo modificó la dinámica de lo que sucedió después y se asoció con una mayor actividad en regiones prefrontales durante la reevaluación. Curiosamente, en ese experimento, combinar etiquetado y reevaluación no hizo que la regulación emocional subjetiva fuera más eficaz que reevaluar sin haber etiquetado previamente.

Esto resulta especialmente útil para nuestra reflexión porque evita una conclusión fácil como:

"Nombrar las emociones siempre hace bien."

Tal vez nombrar ayude en algunas situaciones.

En otras, quizá la palabra introduzca una organización que modifica lo que haremos después.

La ciencia todavía está investigando estos procesos.

"Tengo miedo" y "esto es peligroso"

Ahora podemos establecer una pequeña distinción.

Imaginemos que digo:

"Estoy sintiendo miedo."

Estoy intentando colocar una experiencia en palabras.

Pero puedo avanzar:

"Tengo miedo porque esa persona es peligrosa."

Ahora ya no estoy solamente nombrando mi sentir.

Estoy proponiendo una explicación acerca del mundo.

Y puedo avanzar todavía más:

"Si siento miedo cada vez que encuentro personas así, es porque las personas así son peligrosas."

Observemos cuánto hemos recorrido.

experiencia -> nombre -> explicación -> posible creencia.

El miedo puede ser completamente real como experiencia.

Pero la palabra "miedo" no convirtió automáticamente en verdadera la explicación que construimos después.

Y, aun así, esa explicación puede regresar y modificar el próximo encuentro.

La próxima vez que vea a alguien parecido:

palabra aprendida -> expectativa -> atención -> respuesta corporal -> "lo sabía".

Nos estamos acercando a un fenómeno que se volverá cada vez más importante a lo largo de esta serie.

Pero todavía no necesitamos llegar hasta allí.

Tal vez una palabra debería seguir siendo, en parte, una pregunta

"Miedo."

"Amor."

"Injusticia."

"Dios."

"Libertad."

No todas estas palabras nombran emociones. Algunas abren campos enteros de experiencia, memoria, relaciones, historia y expectativas.

Podemos necesitarlas.

Sin palabras sería mucho más difícil compartir aquello que vivimos, construir colectivamente, enseñar, discrepar, recordar o preguntar.

El problema no comienza cuando nombramos.

Tal vez comienza cuando olvidamos que hemos nombrado.

Cuando el recorte empieza a parecer la totalidad.

Cuando decimos "es miedo" y dejamos de observar aquello que todavía está ocurriendo.

Cuando decimos "es amor" y ya no sentimos la necesidad de volver a encontrarnos con la relación.

Cuando decimos "es libertad" y dejamos de preguntar: ¿libertad para quién, de qué y para hacer qué?

Quizá podamos llevar una práctica sencilla al próximo texto:

usar la palabra sin obligar a la experiencia a terminar dentro de ella.

Nombramos porque necesitamos relacionarnos.

Pero quizá podamos dejar una pequeña abertura.

Porque la experiencia puede seguir cambiando.

Y, si la experiencia continúa cambiando, quizá nuestras palabras también necesiten cambiar.

La pregunta permanece:

¿Qué ocurre con una experiencia cuando necesitamos hacerla caber dentro de una palabra?

Tal vez la respuesta no sea dejar de nombrar.

Tal vez consista en aprender a percibir cuándo el nombre que nos ayudó a encontrar algo empieza, silenciosamente, a determinar aquello que todavía somos capaces de encontrar.

Referencias principales

BATISTA, J. B.; PASQUALINI, J. C.; MAGALHÃES, G. M. Estudo sobre Emoções e Sentimentos na Educação Infantil. Educação & Realidade, 2022.

FERNANDES, T. F. C. et al. Impact of textual warnings on emotional brain responses to ultra-processed food products. Frontiers in Nutrition, 2022.

FONSECA, R. G. et al. Cross-cultural differences in beliefs about emotions: A comparison between Brazilian and British participants. Jornal Brasileiro de Psiquiatria, 2023.

GUIMARÃES, Danilo Silva. Ambiguidades e ambivalências na percepção do mundo e das pessoas. Jornal da USP.

RIZO GARCÍA, Marta. Comunicación, cuerpo y emociones. La incorporación de la dimensión emocional en la investigación de la comunicación. Comunicación y Sociedad, 2022.

YOSHIMURA, Shinpei; SHIMOMURA, Kouga; ONODA, Keiichi. Diminished negative emotion regulation through affect labeling and reappraisal: insights from functional near infrared spectroscopy on lateral prefrontal cortex activation. BMC Psychology, 2024.

Mundos Indígenas. Espaço do Conhecimento UFMG. Fuente primaria utilizada aquí por su propuesta de aproximarnos a diferentes mundos indígenas sin imponer inmediatamente equivalencias o traducciones.






#eegmicrostates #neurogliainteractions #eegmicrostates #eegnirsapplications #physiologyandbehavior #neurophilosophy #translationalneuroscience #bienestarwellnessbemestar #neuropolitics #sentienceconsciousness #metacognitionmindsetpremeditation #culturalneuroscience #agingmaturityinnocence #affectivecomputing #languageprocessing #humanking #fruición #wellbeing #neurophilosophy #neurorights #neuropolitics #neuroeconomics #neuromarketing #translationalneuroscience #religare #physiologyandbehavior #skill-implicit-learning #semiotics #encodingofwords #metacognitionmindsetpremeditation #affectivecomputing #meaning #semioticsofaction #mineraçãodedados #soberanianational #mercenáriosdamonetização
Author image

Jackson Cionek

New perspectives in translational control: from neurodegenerative diseases to glioblastoma | Brain States